lunes, 14 de diciembre de 2015

Escribo esto, sin respetar las reglas de las redes sociales que mandan que las consignas sean cortas y concisas. Las personas de hoy en día les da alta paja leer algo que tiene más de dos o tres párrafos.
Dicho esto: Ando arrastrando las pelotas por el piso de las adjetivaciones a las que somos sometidos “los que pensamos distinto”.
La primera que le agrega aire presurizado a mis pelotas, es el mote de “fanático”. “No podes ser tan fanático” “el fanatismo no suma” y otras consignas que fungen de paternalistas, pero que en suma no son otra cosa que un intento berreta por bajarle el precio a las convicciones de quién escribe o de otros que rumbean en el mismo sentido ideológico. El mote de “fanático” por lo general viene de personas seguidoras de “Anti k Total” “El Cipayo” y reparten alegremente consignas tales como “no estaba en el cajón” “A Nisman lo mató Cristina” y otras monumentales sandeces por el estilo, que están sustentadas solo en una expresión de deseo. Que por descabelladas que sean hay un deseo implícito, aún a sabiendas de su improbabilidad, de que sean ciertas. Solo el odio irracional puede hacer que una persona comparta esa clase de pensamientos. Pero claro, ser ANTI lo que sea “no es odio” ni fanatismo, ni extremismo. Es simplemente “pensar distinto”. Aquí podría concluir diciendo: Váyanse a la puta que los parió cínicos del orto. Pero no lo haré. Seguiré argumentando y aquí me voy a poner serio.
Hay sectores que no conciben las convicciones del otro, en este caso de la mías. Aunque podría ser de cualquiera. No conciben que haya alguien con ideas firmes e indoblegables. Mi teoría es que el que no puede entender las convicciones del otro, es porque no tiene ninguna. O en el mejor de los casos son tan ombliguistas, que sus ideas solo se sustentan en su pequeña individualidad sin pensar en los otros. 
El que esto escribe, piensa la política en toda su amplia concepción, como un hecho colectivo en que se deben necesariamente relegar las individualidades. Esto no es sencillo y requiere de un esfuerzo personal que implica dejar de lado egos y apetencia personales en pos de un objetivo mayor. Que en mi caso, es el máximo bienestar posible de todos mis compatriotas y particularmente de los más vulnerables.
Hay personas que no les entra en la cabeza, que uno pueda arriesgar el trabajo, su bienestar e incluso en casos extremos la propia vida por una idea. 
Salvando las enormes distancias de capacidades intelectuales y profesionales, mi referente dentro de mi labor periodística es Rodolfo Walsh. Un tipo que entregó todo por sus ideas. La vida, por ejemplo. Fue asesinado por la dictadura.
Si no hubiese habido personas dispuestas a arriesgar todo por sus convicciones, no hubiese existido ni Moreno, ni Belgrano, ni San Martín. Y no. No me estoy comparando con ellos. Estoy pensándolos como referentes morales. 
Hay personas que piensan que la realización personal es hacer plata. Cuanta más mejor. Tener muchas cosas, autos, propiedades. No es que no me guste tener alguna que otra cosa. Mi máximo anhelo es viajar y conocer el mundo, por ejemplo. Pero creo con fervor que mí realización personal, no pasa por tener cosas materiales. Tengo un sentido de la trascendencia que pasa por hacer mi aporte, modesto, chiquito, en este mundo de mierda lleno de un individualismo patológico que desmoraliza.
En todo este contexto viví en materia política los mejores 12 años de mi vida. No solo por los innegables avances económicos del país que estaba en el quinto infierno. Si no por la dignidad de haber sido un país que no se arrodilló ante nadie. NADIE. 
Me enamoró la idea de la Patria Grande. La América Latina unida, que fue el sueño de los patriotas. (Que a la luz de los acontecimientos veo con enorme tristeza se está transformando cada vez en más chica.) 
Me enorgullece haber tenido una presidenta como Cristina, que es la persona más brillante que vi en mi vida. De la que millones hemos aprendido muchísimo. En lo personal, he observado la resgnificación del sentido de la política. 
En conclusión: Me he formado luego de una larga reflexión de mi propia experiencia de vida y la adquirida a través de diferentes vías de formación, una idea política firme, incluso matizada con mis propias contradicciones. Sin dudas tendré futuras evoluciones (como todo en la vida) pero que no me van a mover un ápice del eje de esta formación. Me quedo con la certeza de que he elegido el lado correcto en toda esta historia. Porque siempre hubo lados. Aquel que te diga que “la grieta” es de ahora, te toma por boludo. Y si vos te lo crees, no te toman, sos. 
No hay nadie infalible, exento de errores y contradicciones. Pero asumo con convicción, que todo este tiempo político vivido me han hecho mejor persona. Y eso. Solo eso, ya me alcanza. 
A mí hija probablemente no le deje muchas cosas materiales, pero sí el ejemplo de que no todo es negociable. La dignidad, por ejemplo.

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